Patriarcado: del borde al centro. Disciplinamiento, territorialidad y crueldad en la fase apocalíptica del capital

por Rita Segato

La intervención colonial, del pasado y del presente, en lo que he llamado “el mundo aldea” (Segato 2015-a y b) ha terminado por “minorizar” todo lo que respecta a las mujeres. La palabra “minorización” que utilizo conjuga una serie de aspectos que afectan la representación de las mujeres y de la posición femenina, con sus predicados, en el pensamiento de la sociedad: minorizar alude aquí a tratar a la mujer como “menor” y también a arrinconar sus temas al ámbito de lo íntimo, de lo privado, y, en especial, de lo particular, como “tema de minorías” y, en consecuencia, como tema “minoritario”.

Esas dimensiones todas están vinculadas al tránsito de nuestras sociedades, de los pueblos que habitan los territorios nacionales de nuestro continente, a la modernidad, siempre colonial. Este tránsito fue primero impulsado por el proceso de la conquista y la colonización conducido por la metrópoli ultramarina, y posteriormente por la administración del Estado construido por las élites criollas. Sin temor a equivocarnos, este proceso también puede ser descripto como “criollización”.

Ese tránsito a la colonialidad-modernidad interventora en la vida del mundo-aldea, esa expansión del frente estatal-empresarial-mediático-cristiano, que se amplía vertiginosamente en el presente, tiene un impacto masivo en las relaciones interpersonales y en la organización de las relaciones de género en las sociedades que permanecen regidas por patrones comunitarios y colectivistas de convivencia o en las cuales todavía puede ser encontrado el tejido comunitario, si no ileso, por lo menos reconocible y vital, y que a su paso integra a la masividad de la “ciudadanía” nacional. Defiendo aquí que comprender las transformaciones del “sistema de género”, la historia de la estructura patriarcal arroja una luz indispensable para entender el giro social introducido por la modernidad como un todo. Si leemos adecuadamente lo que ese tránsito significó y la forma en que la intervención reacomodó y perjudicó las jerarquías preexistentes, comprenderemos una cantidad de fenómenos del presente que afectan a toda la sociedad y que están muy lejos de constituir apenas “el problema de la mujer”.

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